jueves, 11 de agosto de 2016

2. La estructura de la argumentación

Después de la lluvia
Melisa Vivanco

Ese día, varios alumnos llegaron tarde al salón. La razón: había llovido toda la noche y muchos caminos hacia el bachillerato habían quedado bloqueados. Sabina y Rosario llegaron casi empujándose para pasar primero. Venían juntas en el autobús.
Desde que ingresaron al primer semestre, unos meses antes, no se habían dirigido la palabra. A veces, cuando Rosario estaba tomando apuntes, Sabina la miraba fijamente tratando de concebir cómo sería ser como ella. Rosario también tenía actitudes semejantes hacia Sabina: resultaba intrigante que hubiera dos personas que parecían radicalmente distintas en un mismo lugar. 
Dado que todos en el salón estaban distraídos, por el caos propio de un día lluvioso, la profesora decidió comenzar con un tema que captara la atención de los estudiantes. 
A ver, muchachos, ¡guarden silencio! Hoy, en lugar de exponerles un tema, como es habitual, quiero escucharlos a ustedes. Quiero que intercambiemos opiniones y conocer sus posturas respecto a una cuestión de amplio interés social. Como muchos de ustedes saben, en diferentes países se ha discutido recientemente acerca de la legalización del matrimonio entre personas del mismo sexo. Hasta finales del siglo XX, el matrimonio  era considerado en las leyes como la institución social que crea el vínculo conyugal entre un hombre y una mujer. Esto no solo se hacía de forma explícita en algún artículo, sino que era algo tan ampliamente aceptado que se asumía, de manera implícita, en una gran cantidad de reglamentos. Por esta razón, conforme ha ido cambiando la percepción social hacia las personas con preferencias sexuales diferentes, se han tenido que modificar varias leyes. Por ejemplo, en México, el artículo 139 del Código Civil, que regulaba la edad de quienes podían contraer matrimonio, decía lo siguiente:
«La promesa de matrimonio se hace por escrito y es aceptada. Eso constituye los esponsales. Se encuentran en posibilidad de celebrar esponsales el varón que ha cumplido 16, y la mujer que ha cumplido 14 años».
Sabina levantó la mano.
¡Maestra! ¿Eso dice la Ley?
Ahora ya no, Sabina. Pero eso decía hasta que en 2013 la modificaron.
Oiga, maestra, pero yo creo que a los 14 años una niña está muy chica para un compromiso de matrimonio, ¿no?
Rosario levantó la mano y la maestra hizo un ademán para cederle la palabra.
Yo creo que la edad para casarse la determina el contexto: las costumbres de su comunidad, los principios religiosos bajo los que fue educada, etcétera. Antes, por ejemplo, la esperanza de vida era de 45 años. A los 15, las personas ya habían vivido una tercera parte de su vida. Por lo tanto, era lógico que se casaran más jóvenes.
Sabina la interrumpió.
Sí, pero ahora la gente vive mucho más. Así que esa no es una buena razón.
No es una razón que sirva para determinar la edad en que las personas deben casarse. Es una razón en favor de que diferentes factores del contexto influyen en lo que se considera que es la edad adecuada para casarse —dijo Rosario.
Me parece que los factores que menciona mi compañera no pueden tener más peso que el derecho de todos a tener condiciones adecuadas para un desarrollo pleno, a disfrutar de su niñez y adolescencia. Además, en muchas regiones, la aprobación de estas prácticas se presta para el intercambio de niñas y adolescentes por bienes materiales y dinero. Así que me parece muy bien que se haya modificado ese artículo —expresó Sabina.
Rosario, un poco molesta, respondió:
—Pues a mí me parece muy mal que se haya modificado el artículo. Creo que el gobierno está atropellando el derecho de la gente a seguir con las costumbres de su cultura. En conclusión, la reforma a esa ley no está justificada.
La profesora intervino:
—Bueno, bueno, basta. Nos hemos desviado mucho del punto. Ni siquiera les he podido plantear la pregunta que quiero que discutamos. Y, Rosario, no te enfades; estamos intercambiando ideas, y en un debate es necesario tener disposición de escuchar las razones aun cuando estén en contra de nuestra postura.
—Lo siento, maestra.
Rosario miró a Sabina con más intriga que enfado. De nuevo se preguntaba: «¿Cómo esta chica puede pensar tan diferente a mí?».
—Dejaremos para otro día la discusión sobre la edad apropiada para casarse. Ahora quiero que ustedes me digan si creen que es moralmente correcto que las parejas del mismo sexo tengan los mismos derechos que los matrimonios heterosexuales —planteó la profesora.
Ricardo, que se caracterizaba por hacerse el gracioso, levantó la mano y la profesora le dio la palabra.
—Yo creo que debe legalizarse el matrimonio entre homosexuales... ¡Ellos también tienen derecho a ser infelices! Jajaja...
Sus compañeros se rieron. La profesora levantó una ceja en señal de desaprobación al chiste de Ricardo. Cecilia levantó la mano. Después de llamarle la atención a Ricardo, la profesora le dio la palabra a Cecilia:
—Quizás si solo se tratara de ellas, las personas podrían tener el derecho de casarse con quien quisieran. Pero el matrimonio es la base de la familia, así que tenemos que pensar en los hijos. ¿El matrimonio homosexual no generaría un caos, por ejemplo, a la hora de adoptar? ¿Acaso los niños adoptados tendrían dos madres?, ¿dos padres? En conclusión: teniendo en cuenta que los hijos son lo primero, no es moralmente correcto legalizar el matrimonio entre personas del mismo sexo.
—Ceci tiene razón. En este debate debe tomarse en cuenta a los hijos. Sin embargo, eso no resuelve la cuestión. En los primeros países que legalizaron el matrimonio entre personas del mismo sexo, hay tanto un régimen de fertilización asistida como uno de filiación abierta. Es decir, el gobierno tiene programas para facilitar la inseminación artificial y las figuras de padres son genéricas, esto significa que legalmente no hay tal cosa como la distinción entre madre (mujer) y padre (hombre). Así que la pregunta sigue siendo la misma, aunque ahora tenemos presente que la respuesta tendrá consecuencias en diferentes ámbitos de la organización social.
Sabina respondió:
—Sí, la familia es importante. Pero, como todas estas cosas, fue creada por la sociedad, entonces tendría que poder modificarse. Las relaciones humanas siempre son influenciadas por la cultura. Por lo tanto, las normas y leyes tienen que cambiar, es decir, que las leyes tienen que acompañar a los cambios culturales.
—Pues en mi casa, como en muchas otras, nuestra cultura va de la mano con nuestra religión. Mi mamá siempre dice que Dios hizo al hombre y a la mujer para acompañarse mutuamente; y teniendo esto en cuenta, el que se casen personas del mismo sexo es ir en contra de Dios —dijo Rosario.
­­Está bien, eso lo entiendo y lo respeto. Pero estamos hablando de la figura legal del matrimonio. Es una cuestión civil, no un tema religioso. Muy aparte de la cuestión civil, cada religión evaluará si lo acepta o no. En consecuencia, es una cuestión de derechos civiles, Rosario —aclaró Sabina.
—¿Derechos civiles? —preguntó Rosario—. Para que la ley proteja a las parejas homosexuales no hace falta aprobar el matrimonio homosexual. La mayoría de los beneficios de un matrimonio podría incluirse en otro tipo de acuerdo legal. No entiendo cuál es el problema con los derechos civiles.
—No solo se trata de los beneficios que pudiera dar el matrimonio —continuó Sabina—. Todas las personas tienen derecho a ser felices y esto implica ser libres, ¡y ser iguales también ante la ley! En conclusión, las leyes deben ser para todos y no debe importar si alguien es heterosexual o no.
—El matrimonio es una institución esencialmente heterosexual. La legalización del matrimonio homosexual implica pervertir la naturaleza del matrimonio. Si se legaliza el matrimonio homosexual, se pervierte la naturaleza del matrimonio. Aunque en algo estoy de acuerdo contigo, Sabina: todas las personas tienen derecho a ser felices. Solo creo que para esto se requiere mantener las distinciones apropiadas.
Rosario y Sabina no discutieron más. Quedaron sorprendidas al darse cuenta de que compartían la misma creencia de fondo. Cecilia intervino:
—Tal vez sea solo un asunto de definición para que entendamos «matrimonio» de la misma manera. De ser así, tal vez la cuestión se resolvería si se modificara el término. Ya no sería «matrimonio». Tendría que haber otra palabra para hablar de la unión entre dos personas que quieren legalizar su compromiso de vivir en pareja; cualquier pareja, claro, no importa si es homosexual o heterosexual.
La profesora intervino:
—Cierto, pero eso implicaría desechar la figura del matrimonio, que ha existido por siglos, como tal, y entonces...
—¡La polémica vuelve a empezar! —dijo Cecilia.
Así es, Ceci —aceptó la profesora.
El timbre sonó y todos se apresuraron a salir del salón. Ya había dejado de llover y comenzaba a salir el sol. Tanto Sabina como Rosario llevaban un buen rato sin decir nada y tardaron un poco más en recoger sus cosas. Rosario se acercó a Sabina y le propuso que almorzaran juntas. Sabina aceptó de muy buena gana y sacó un par de barritas de amaranto que su mamá le ponía en la mochila por si le daba hambre antes del almuerzo. Rosario se puso muy contenta porque desde siempre le habían gustado las alegrías. Salieron del salón juntas, esta vez sin empujarse; después de todo, quizá no eran tan diferentes.



Ejercicio 1.

Instrucciones.

A) Identificar los marcadores en las premisas que aparecen en los argumentos de los personajes.
B) Identificar los marcadores que acompañan a las conclusiones.


Ejercicio 2.
Instrucción. Dadas las siguientes proposiciones, construir cinco argumentos diferentes. En cada argumento, emplear expresiones o palabras para indicar claramente las premisas y la conclusión.

1. Los gatos son felinos.
2. Los felinos miden entre 50 cm y 2 metros.
3. Algunos felinos son híbridos creados mediante la cruza de distintos géneros.
4. Los descendientes de animales híbridos son estériles en todos los casos.
5. Todos los felinos son eficientes cazadores dotados con garras retráctiles.
6. Todos los felinos tienen pelo.


Ejercicio 3 (trabajo individual extraclase).
Identificar premisas implícitas en un entimema.

En un argumento, la conclusión se sigue de las premisas. Pero estas premisas no siempre aparecen de forma explícita. De este modo, puede haber premisas que estén apoyando la conclusión del argumento, pero que no aparezcan entre el conjunto de premisas expuesto. A estas premisas se les conoce como premisas implícitas o suprimidas y son las que no se formulan explícitamente en el argumento porque resultan obvias o simplemente se dan por sentadas. Por ejemplo, considerar el siguiente argumento.

P1: Todos cooperamos y trabajamos en equipo para arreglar el salón.
Por lo tanto, terminamos pronto e hicimos un buen trabajo.

Tenemos una única premisa P1, y es claro cómo esta respalda la conclusión. Sin embargo, hay una premisa implícita que es la que dota de solidez al argumento. Esta premisa es:

P0: Si todos cooperamos y trabajamos en equipo para arreglar el salón, entonces terminaremos pronto y haremos un buen trabajo.

De este modo, el argumento, ya con todas sus premisas explícitas, quedaría así:

P0: Si todos cooperamos y trabajamos en equipo para arreglar el salón, entonces terminaremos pronto y haremos un buen trabajo.

P1: Todos cooperamos y trabajamos en equipo para arreglar el salón.

Por lo tanto, terminamos pronto e hicimos un buen trabajo.


Un ejemplo más simple es el siguiente:

Todos los martes como pollo. Por eso hoy comí pollo.

En este caso, la premisa implícita es:

Hoy es martes.

Instrucción.
Identifica cuál es la premisa que falta en cada argumento.

1. Octavio Paz es el autor de El ogro filantrópico.
Podemos afirmar, entonces, que el autor de El ogro filantrópico nació en 1914. 

——— ALTO ———

Premisa oculta o faltante:
Octavio Paz nació en 1914.


2. Si vas a la escuela, aprendes cosas nuevas.
Así que llegamos a la conclusión que si vas a la escuela, te sorprendes.

——— ALTO ———

Premisa oculta o faltante:
Si aprendes cosas nuevas, te sorprendes.


3. Si le vas al Guadalajara, eres chiva, pero si le vas al Pachuca, eres tuzo.
Así que eres chiva o eres tuzo.

——— ALTO ———

Premisa oculta o faltante:
O le vas al Guadalajara o le vas al Pachuca.


4. La moneda está en la mano derecha o está en la izquierda.
Entonces es seguro que la moneda está en la mano izquierda.

——— ALTO ———

Premisa oculta o faltante:
La moneda no está en la mano derecha.


5. Una de dos: o chiflas o comes pinole. ¡Comes pinole!

——— ALTO ———

Premisa oculta o faltante:
No chiflas.


6. En vacaciones Fernando visitó un museo de arte moderno. A su papá no le gustó. Dijo que eran cosas raras. El colmo fue una cubeta de lámina que estaba pintada de verde, con una escoba adentro y telas alrededor. «¿¡Ésta es la obra!?» dijo su papá casi a gritos y continuó «¡Si eso es una obra de arte, yo soy el presidente de la república!».

¿Qué quiso decir el papá de Fernando?

——— ALTO ———

Que eso no era una obra de arte.


Complementa su argumento. Toma en cuenta que lo que quiso decir es la conclusión y que el argumento se presenta con esta premisa: Si eso es una obra de arte, yo soy el presidente de la república.

Premisa 1. Si eso es una obra de arte, yo soy el presidente de la república.
Premisa 2.
Conclusión. Esto no es una obra de arte.


——— ALTO ———

Premisa 1. Si eso es una obra de arte, yo soy el presidente de la república.
Premisa 2. Yo no soy el presidente de la república.
Conclusión. Esto no es una obra de arte.


7. A un hospital de urgencias en que trabaja el médico Hugo Sánchez llega un tipo que se cree influyente. Exige a gritos que lo atiendan. El médico, que es muy tranquilo, pide al hombre que no grite. El tipo se enoja. Pregunta al médico su nombre para reportarlo. El médico responde: «Hugo Sánchez». El tipo le dice medio burlón y enojado: «¡Si tú eres Hugo Sánchez, yo soy Maradona!».

¿Qué quiso darle a entender al médico?


——— ALTO ———

Que el médico no se llamaba o no era Hugo Sánchez.


Tomando en cuenta que lo que quiso dar a entender es la conclusión, complementa el argumento.

Premisa 1.  Si tú eres Hugo Sánchez, yo soy Maradona.
Premisa 2.
Conclusión. Tú no eres Hugo Sánchez.



——— ALTO ———

Premisa 1.  Si tú eres Hugo Sánchez, yo soy Maradona.
Premisa 2. Yo no soy Maradona.
Conclusión. Tú no eres Hugo Sánchez.


8. El 20 de agosto de 1847 el general Anaya dirigía la defensa del convento de Churubusco ante la ofensiva del ejército estadounidense. Después de unas horas el grupo de soldados mexicanos se quedó sin municiones, y luego sin pólvora. Cuando el general Twiggs entró al patio y exigió las municiones, el general Anaya respondió: Si hubiera parque, no estaría usted aquí.

¿Qué quiso dar a entender el general Anaya?


——— ALTO ———

Que no había parque (municiones).


¿Cuál es el argumento completo?



——— ALTO ———

Premisa 1: Si hubiera parque, no estaría usted aquí.
Premisa 2: Usted está aquí.
Conclusión: No hay parque.



9. En un concurso de halterofilia apareció un letrero que decía: Soraya es mexicana. Es campeona. Tiene la obligación de ganar. Debemos apoyarla.

En el letrero hay dos argumentos. ¿Cuáles son? Ocupa el marcador «por lo tanto» en los dos argumentos.


——— ALTO ———

Soraya es mexicana.
Por lo tanto, debemos apoyarla.

Soraya es campeona.
Por lo tanto, Soraya tiene la obligación de ganar.


En ambos argumentos falta una premisa. ¿Cuál es la razón que falta en cada caso?

Soraya es mexicana.
_________________
Por lo tanto, debemos apoyarla.

Soraya es campeona.
_________________
Por lo tanto, tiene la obligación de ganar.



——— ALTO ———

Soraya es mexicana.
Los mexicanos debemos apoyar a los mexicanos.
Por lo tanto, debemos apoyarla.

Soraya es campeona.
Los campeones están obligados a ganar.
Por lo tanto, Soraya tiene la obligación de ganar.





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